exclusiva exclusiva con la Dra. Begoña Vila





Febrero 03, 2022



En contacto telefónico desde Baltimore, entre otras cosas, la astrofísica Vila expresó su satisfacción en las operaciones de alta complejidad que está experimentando el James Webb - durante este su periodo de enfriamiento- en el punto Langrange 2, a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, su destino final.





De Vigo es Begoña Vila (1963), la astrofísica gallega que trabaja para la NASA y que forma parte del equipo que ha realizado el lanzamiento del telescopio más potente y sofisticado jamás enviado al espacio. Tal es el avance tecnológico de este telescopio que va a revolucionar la idea que tenemos sobre el universo. El James Webb acaba de entrar en órbita hace apenas un mes. Begoña Vila lleva muchos años ligada este proyecto.


El primer contacto lo tuvo cuando trabajaba en una empresa privada que prestaba servicios para la Agencia Espacial Canadiense en el diseño de dos instrumentos de este telescopio. Pero cuando entregó el proyecto a la NASA en el 2012, la agencia espacial estadounidense quedó tan asombrada del trabajo de esta viguesa que le pidió entrar a formar parte de su equipo. Ahora, se encuentra en Baltimore, en el centro de operaciones desde donde se controlan todas las fases del James Webb. Ella es una de las principales responsables del telescopio espacial y forma parte de un grupo multidisciplinar de más de mil personas. Entre sus muchas tareas, ha contribuido a poner en órbita el James Webb, algo que se ha logrado hace apenas un mes, después de que el lanzamiento fuera todo un éxito el pasado 25 de diciembre: «Ha tardado aproximadamente un mes en llegar al lugar donde tiene que llegar —que es el punto de Lagrange—, una zona que está a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, cuatro veces la distancia de la Luna. Mientras vamos hacia allí es cuando se despliega el parasol —del tamaño de una cancha de tenis—, se abren los espejos —se trata de 18 espejos que estaban doblados dentro del cohete—, se abre el panel solar... Todo ese proceso ha sido un momento crítico, pero todo fue bien», dice Vila, orgullosa del éxito.


Ahora está inmersa en la fase de consolidación del telescopio, antes de que se pueda poner en funcionamiento: «Empezamos un proceso de casi tres meses, que consiste en la alineación de los 18 espejos — para que se comporten como uno solo—. Y cuando ya los espejos estén bien alineados, cada uno de los instrumentos del telescopio tiene que tomar datos, calibrar sus mecanismos y coger ciertas referencia que necesitan para las operaciones. Esto cumple más o menos los seis meses necesarios y, a partir de ahí, es cuando va a poder empezar su trabajo científico», explica.


Tras el big bang es en este trabajo donde la comunidad astrofísica tiene puestas sus esperanzadas para descubrir algunos de los misterios del universo: «Vamos a poder analizar los primeros objetos —estrellas y galaxias— que se formaron en el universo después del big bang — hace 13.500 millones de años—. Por ahora nadie ha podido hacerles una foto, no sabemos cómo son. La luz de esos objetos ha estado moviéndose por el universo durante todo este tiempo», explica de una manera muy sencilla lo que parece ciencia ficción. Pero además, también va a servir para «continuar la búsqueda de planetas alrededor de otras estrellas y ver la atmósfera que tienen». «Queremos buscar planetas que tengan los mismos elementos que nuestra atmósfera porque son necesarios para la vida como la que conocemos nosotros. Dar un pasito más para saber si estamos solos», añade.